También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar,
diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre.
Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario.
Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre,
sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que, viniendo de continuo, me agote la paciencia.
Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto.
¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles?
Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?
Aplicación
Por medio de esta parábola Jesús nos da la esperanza, que nuestras oraciones siempre son escuchadas por El; y que, aunque como paso con ese juez se tardo en responderle a la viuda, en ocasiones no es que Dios se tarde en respondernos es que El conoce todo nuestro presente y futuro y nos da la respuesta en el tiempo perfecto.
Jesús espera es que nosotros seamos ejercitados en la paciencia, se active y se aumente nuestra fe para darnos la salida a nuestra suplica. Jesús no olvida nuestras oraciones, pero es nuestro deber vivir diariamente en comunicación con El por medio de la oración.
Referencias
Biblia Reina Valera 1960
























